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El hambre en Gaza: la meticulosa estrategia para borrar a un pueblo

Por: Julia Londoño Bozzi

 

Tras casi dos años de la avanzada militar de Israel en territorio Palestino, imágenes y cifras, muestran que los palestinos están muriendo, no solo por las bombas y misiles lanzados a diario por el gobierno de Benjamín Netanyahu, sino producto de la falta de acceso a agua y comida, ¿el hambre es una estrategia para exterminar al pueblo árabe?

En las últimas 24 horas, según el Ministerio de Salud de Gaza, cinco personas murieron debido a la desnutrición y el hambre: dos de ellas eran niños. De los 2,1 millones de habitantes de la Franja la mitad son menores de edad que agonizan, sus rostros frente al mundo, por ser palestinos.

Lo vemos a través de las imágenes en tiempo real de las redes sociales y los medios de comunicación. El mundo está presenciando un genocidio y no hay cómo no darse cuenta. Muchos pensamos que ver morir de hambre a un pueblo, la extinción de miles de personas por su identidad, era imposible en el siglo XXI.

Niños en GAZA
Crédito: Reuters

Después de todo, la Convención para la prevención y la sanción del delito de genocidio (Convención sobre el genocidio) fue creada en 1951 como instrumento del derecho internacional codificando por primera vez el genocidio como delito y comprometiendo a las naciones para que las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial no se repitieran nunca.

En su obra biográfica sobre el Holocausto Si esto es un hombre (1958) Primo Levi alertaba, sin embargo, que un genocidio podía repetirse: “La historia de los campos de destrucción debería ser entendida por todos como una siniestra señal de peligro”, escribía reflexionando sobre cómo aquella convicción compartida por algunos de que “todo extranjero es un enemigo”, sumada a la indiferencia de millones de personas, puede convertirse en el sistema de pensamiento impuesto que desemboca en un holocausto.

Para que estemos viendo en tiempo real estas imágenes del hambre que mata uno a uno a un pueblo, una serie de acciones sistemáticas, meticulosamente planeadas, han ocurrido en la Franja de Gaza durante los últimos meses, por lo cual, lejos de ser un efecto colateral del conflicto el hambre en Gaza, es el resultado de una táctica premeditada con la intención de deshumanizar, como señala Alex de Wall, experto británico en el estudio del hambre, quien en declaraciones a BBC Mundo afirmó, en entrevista publicada el pasado 31 de julio, que “desde la Segunda Guerra Mundial no ha habido ningún caso de hambruna tan minuciosamente diseñada y controlada”. ¿Qué secuencia de acciones soportan que estamos frente a una estrategia de guerra?

Segunda Guerra mundial
Judíos durante la Segunda Guerra Mundial | Crédito: Gobierno de Reino Unido – Wiki Commons

La estrategia; desde el desplazamiento forzoso hasta “el juego del calamar”

“Están jugando el Juego del Calamar con nosotros”, le dice un hombre a la cineasta palestina Bisan Owda quien trabajaba con el Fondo de Población de las Naciones Unidas y la Unión Europea antes de documentar la tragedia de Gaza a través de “Soy Bisan de Gaza, y sigo viva”, una serie de videos cortos producidos por la plataforma AJ+ ( de Al Jaazera Media Networks) y compartida desde sus redes sociales, testimonio con el cual ganó un Premio Emmy este año en la categoría Mejor Reportaje Periodístico.

Segunda Guerra Mundial
Segunda Guerra Mundial | Crédito: Wiki Commons

El hombre compara el asesinato de quienes se acercan a recoger alimentos hoy en Gaza, exponiendo su vida, con el macabro juego que entretiene a un grupo de ricos, en la serie de Nétflix. Desde que el acceso a las ayudas humanitarias se encuentra monopolizado por la GHF Gaza Humanitarian Foundation, una cuestionada organización privada respaldada por la administración Trump y el gobierno israelí de Netanyatu, creada en febrero de 2025, el ya reducido acceso que tenía la comunidad a los alimentos se volvió casi nulo.

Solo tres meses después de creada la GHF, y un poco más de dos meses después de que Israel decidiera detener la ayuda humanitaria internacional el pasado 2 de marzo, el director ejecutivo de esta organización, Jake Wood, renunció cuestionando la imparcialidad y neutralidad de la organización. Algo que la ONU, la Cruz Roja y muchas organizaciones humanitarias habían denunciado ya. Como Owda denuncia a través de sus videos creados con celular desde que a finales de 2024 en convirtió en desplazada, viviendo en una tienda de paso rodeada de escombros, como la gran mayoría de la población de la Franja de Gaza sobrevive hoy.

Los bombardeos constantes y la destrucción tanto de las zonas rurales como de las ciudades sobrepobladas, hace que según la ONU cerca del 90 por ciento de la población de Gaza se haya visto obligada a desplazarse y vivir en condiciones de hacinamiento, expuesta a enfermedades y en medio de una desbordada crisis médica agravada por los ataques aéreos del Ejército Israelita a los hospitales que continúan abiertos.

Palestina
Crédito: Reuters

En sus primeros testimonios Owda denunciaba los disparados precios de los alimentos, tras los cortes frecuentes de electricidad, la escasez de gas y petróleo impidiendo el transporte y la preparación de los pocos alimentos disponibles. También describió las calculadas acciones de Israel al destruir en los últimos dos años todas las plantas de tratamiento de aguas residuales de Gaza y el 70 por ciento de las bombas con las cuales se trataba (Video documental) por lo que ahora el agua está aún más contaminada. la destrucción de las pequeñas huertas urbanas que intentaron crear para resistir los campesinos desplazados. Hoy los testimonios muestran la lucha de más de millones de personas por no morir de hambre.

El periodista argentino Martín Caparrós, autor de el premiado ensayo El Hambre (2014) señala que “Realmente quieren acabar con la población palestina en Gaza, así que usan todos los medios a su alcance. Habría creído que no lo harían, por una cuestión de imagen internacional y de apoyo interno, pero me equivoqué una vez más: o su imagen no les importa tanto o sabían que el mundo, por llamarlo de algún modo, está muy dispuesto a aceptar este tipo de conductas bárbaras”.

Como explica la historiadora Luisa Acosta, los bloqueos casi totales de alimentos y ayudas médicas fueron precedidos de muchas otras políticas que han ido cercando a los palestinos; la destrucción de la infraestructura vial, el desplazamiento forzado, los daños permanentes a las zonas agrícolas, la falta de acceso al agua potable para beber o cocinar: “Esta estrategia no solo busca debilitar el cuerpo sino someter a la comunidad, no es una crisis alimentaria sino una forma de violencia extrema, una manera de desestructurar comunitariamente, de dejar una herida, de generar desconfianza entre vecinos que ahora se deben desplazar y enfrentar por las necesidades básicas, como el derecho a la alimentación”, dice.

Gaza
Crédito: Reuters

En la premiada serie de videos de Bisán, se muestra otra secuencia de medidas que anteceden a la desesperada situación de Gaza: Desde el 2007 Israel ha restringido las zonas de pesca a máximo 8 kilómetros de la costa y decomisado masivamente las herramientas de pesca. Hace cerca de un año calculaba que el 70 por ciento de los botes pesqueros habían sido dañados por el Ejército israelí. Pero si el acceso al mar está restringido, el daño a la tierra y la ruptura de la soberanía alimentaria son patrones de exterminio aún más gráficos: el colapso de los sistemas agroalimentarios es el causante, sumado al bloqueo comercial, de que hoy uno de cada tres palestinos, según la ONU, no haya comido en días.

Para Acosta, acceder a tan poca comida durante meses, tener una alimentación casi reducida a alimentos ultra procesados, “ha sido otra forma de fragmentar de manera sostenida la identidad y el arraigo en el territorio porque romper los vínculos comunitarios hace aún más vulnerable a la gente”.

Es lo que ilustra la destrucción de los sistemas de cultivo de olivos en la región, un alimento de un enorme peso cultural, económico e histórico para los palestinos, quienes solían cosechar los olivares de manera colectiva durante los meses de octubre y noviembre, y encurtir el alimento para su conservación prolongada.

Campo de refugiados Gaza
Campo de refugiados palestinos | Crédito: Reuters

Menos del 20% de la cosecha se pudo recoger en la pasada temporada, según documenta Bisan desde el dramático paisaje de los cultivos quemados por la falta de agua. Su familia tenía cerca de 500 de los 1.3 millones de árboles de olivo que se calcula que había en el territorio. El 75% de ellos hoy no existe.

¿Cómo llegó la población de Gaza a depender de la GHF para la subsistencia de más de dos millones de personas?

Como explica el activista italiano Carlo Petrini, a través de la página del movimiento internacional Slow Food del cual es fundador, la distribución de alimentos, antes del bloqueo del 2 de marzo de este año, se realizaba a través de una red de 400 puntos repartidos por toda Gaza, gestionados por cerca de 200 organizaciones internacionales. “La GHF opera con solo cuatro puntos: tres en el sur de la Franja y uno en la parte central. Esto supone un problema porque implica que cientos de miles de palestinos que viven en el norte deben desplazarse para alimentarse, y también porque es imposible siquiera pensar en proporcionar alimentos a dos millones de personas en tan solo cuatro lugares. Este sistema crea escenas intolerables para cualquier conciencia humana: personas hambrientas hacinadas, aplastadas mientras intentan conseguir alimentos, o asesinadas por soldados israelíes que intentan controlar y dispersar a la multitud” dice sobre el sistema en el cual la ley del más fuerte lleva a la muerte a los más débiles: “mujeres exhaustas, ancianos que mueren al sol, niños reducidos a comer tierra y piedras, llorando y desplomándose dormidos, agotados por el hambre”.

La insuficiencia de las leyes

Aunque el Derecho Internacional Humanitario reconoce que causar hambre deliberadamente a una población civil es un crimen de guerra, y existen convenios que prohíben el uso de “la inanición deliberada”, como el convenio de Ginebra de 1949, el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional de 1998 o la más reciente Resolución 2417 del Consejo de Seguridad de 2018, no es fácil hacer la rendición de cuentas con esta estrategia de guerra, más silenciosa que otras.

En efecto, el primer ministro israelí negó recientemente que hubiera hambruna en Gaza y reiteró acusaciones de que parte de la ayuda es robada por Hamás.

De la misma manera, tras la circulación de recientes videos de los prisioneros retenidos desde octubre de 2023 por Hamás, voceros del brazo armado negaron que se les prive de comida, intencionalmente, pese a su impresionante delgadez. Afirman que los rehenes comen lo mismo que sus combatientes en medio del contexto de hambre que padece Gaza.

La relatora especial de la ONU, Francesca Albanese, ratificó en sus dos informes de 2024 y 2025 la naturaleza del genocidio en Gaza. En julio de 2024 la Corte Internacional de Justicia (CIJ) emitió un fallo declarando que la ocupación israelí de Gaza y Cisjordania es ilegal y viola la prohibición del apartheid.

Gaza
Infancias en Gaza | Crédito: Reuters

El 21 de noviembre de 2024 la Corte Penal Internacional (CPI) dictó las órdenes de detención contra el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el ex ministro del gabinete de guerra, Yoav Gallant, por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad perpetrados en Gaza. Sin embargo, ocho meses después la presión de los gobiernos aliados a Israel sigue saboteando los procesos destinados a impedir la prolongación del genocidio. Israel ha alcanzado el nivel de lo que Antonio Guterres, Secretario General de la ONU, ha llamado “impunidad total” con la indiscutible ayuda financiación y blindaje de Occidente, particularmente de Estados Unidos, que se lucra enormemente de la venta de armas.

Durante la reciente Cumbre de Evaluación de los Sistemas Alimentarios de la ONU en Etiopía, entre el 27 y el 29 de julio de pasados, Guterres condenó el uso del hambre “como arma de guerra” haciendo que el concepto se repitiera en diversos medios de comunicación, contribuyendo al cuestionamiento sobre el hambre impuesta al pueblo de Gaza hasta el extremo descrito por los recientes informes de Naciones Unidas como la fase 5 (catastrófica) de inseguridad alimentaria, el nivel más alto de escala que señala el riesgo de hambruna, según la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases (CIF).

Gaza
Crédito: Reuters

Para Acosta, incluso decir que el hambre es un arma de guerra minimiza el impacto de lo que considera más bien una estrategia de guerra para borrar a un grupo humano desmoronándolo culturalmente. ¿Cuántos años llevará intentar reconstruir esta cultura?

¿Qué podemos hacer?

“Los monstruos existen pero son demasiado pocos para ser realmente peligrosos; más peligrosos son los hombres comunes, los funcionarios listos a creer y a obedecer sin discutir” (Primo Levi, Si esto es un hombre).

Si bien la presión de la Corte Internacional Humanitaria y la Comunidad Internacional Humanitarias son necesarias, la presión masiva de los ciudadanos es urgente.

Protestas pro Palestina
Protestas en pro de Palestina en Londres, Reino Unido | Crédito: Reuters

Para Martín Caparrós, la incapacidad de movilizarnos a tiempo contra el genocidio en Gaza es el resultado de una situación muy lamentable: “La mayoría de las personas creemos –hemos sido convencidas– de que no hay nada que podamos hacer frente al poder de quienes nos gobiernan, y entonces no hacemos nada. Una especie de profecía autocumplida: cómo creemos que no podemos hacer nada, no hacemos nada”.

Para Acosta, la acción ciudadana siempre importa y es urgente porque es esa indiferencia, el silencio o la normalización, lo que sostiene el genocidio. “Los ciudadanos comunes no somos impotentes aunque no podamos detener la maquinaria de genocidio; podemos hacer acciones de resistencia y visibilización”:

No dejar que se apaguen las voces

La suma de periodistas asesinados en Palestina se acerca a 250 en los últimos veintiún meses. Por eso, aunque existan reservas sobre el efecto de sumarse activamente a la conversación en redes sociales, o el temor de ser estigmatizado, es importante que sigan circulando las narrativas, los testimonios independientes de analistas y las voces y relatos denunciando la situación en Gaza, más allá de lo que se ve en los medios de comunicación más grandes o cercanos a intereses de gobiernos o empresarios.

Puede seguirse el testimonio de la documentalista Bisan Owda en IG: @wizardbisan1 https://www.instagram.com/wizardbisan1/

La Plataforma de escritores We are not numbers, ha contado 1679 historias desde Palestina en los últimos 9 años a través de una red de 408 colaboradores independientes y 171 escritores y periodistas mentores en colaboración con la organización independiente Euro-Med Human Rights Monitor:

En IG: @wearenot_numbers

Apoyar a ONG

Donaciones a quienes canalizan recursos ya sean para dotación médica, alimentos, y otros tipos de apoyo a la población civil.

Presión económica a través de nuestros hábitos de consumo:

BDS es un movimiento creado con el fin de boicotear a las marcas cuya colaboración de manera más directa a la situación en Gaza pueda ser trackeada. La presión a través de desestimular su consumo y exponerlas socialmente busca afectar sus indicadores económicos para revertir su postura:

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